
La mejor opción para conocer la Navarra más salvaje es perderse por entre sus bosques y valles. El bosque o selva de Irati es un extenso hayedo – abetal en la cabecera de los Valles de Salazar y Aezkoa de singular belleza y gran estado de conservación en los que se refugia la fauna más variopinta. Laderas cubiertas por hayas centenarias marcan el camino hacia el embalse de Irabia o la ermita de la Virgen de las Nieves, algunos de los parajes más atractivos de esta zona. Desde sus inmediaciones, se puede observar las impresionantes cumbres del Pirineo, como el pico Ori, la Mesa de los Tres Reyes, el Anie, el Petretxema y el macizo de Ezkaurre.
Otros valles perfectos para el paseo y la contemplación de la naturaleza son el valle de Roncal, que sube hasta el valle de Belagua, desde donde pueden afrontarse las cumbres más altas de Navarra. El paisaje de la Reserva Natural de Larra impresiona por su gran extensión de hendiduras rocosas, al igual que Quinto Real, un fascinante bosque formado por tupidas y abundantes hayas al otro extremo de los Pirineos Orientales.
En la muga con Navarra Media, se encuentran las foces de Lumbier y Arbayún, dos profundos desfiladeros excavados por los ríos Irati y Salazar, respectivamente. Estos espacios naturales están colonizados por numerosas especies de aves entre las que destacan los quebrantahuesos y los buitres leonados. |